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MI CAJA DE HERRAMIENTAS EMOCIONALES

En el marco del Proyecto CITE del centro, el alumnado de 4.º B de Educación Primaria ha desarrollado la situación de aprendizaje “Mi caja de herramientas emocionales”, una propuesta educativa centrada en el desarrollo de la educación emocional, el bienestar personal y la mejora de la convivencia escolar.

A lo largo de varias sesiones, el alumnado ha descubierto que las emociones forman parte de nuestro día a día y que aprender a identificarlas, expresarlas y gestionarlas nos ayuda a relacionarnos mejor con los demás y con nosotros mismos.

  • Para comenzar, realizamos la actividad “Descubrimos nuestras emociones”, donde trabajamos con el termómetro emocional y la rueda de las emociones. Cada alumno y alumna pudo identificar cómo se sentía, reconocer que una misma emoción puede vivirse con distinta intensidad y compartir situaciones personales que provocaban esos sentimientos. Esta primera toma de contacto permitió abrir espacios de diálogo y reflexión, favoreciendo el conocimiento personal y el respeto hacia las emociones de los compañeros.
  • Posteriormente llevamos a cabo “Aprendemos a calmarnos”, una actividad orientada a proporcionar herramientas reales de regulación emocional. A través de dinámicas de respiración consciente y del uso de una pelota antiestrés, el alumnado descubrió estrategias sencillas para recuperar la calma en momentos de nerviosismo, enfado o preocupación. Durante las sesiones reflexionamos sobre cuándo podemos utilizar estas herramientas y cómo pueden ayudarnos también fuera del aula.
  • Continuamos con “Pienso antes de actuar”, donde trabajamos el conocido semáforo emocional. Mediante pequeñas dramatizaciones de situaciones cotidianas del aula, el alumnado aprendió a detenerse, pensar y decidir cómo actuar antes de responder impulsivamente. Esta actividad permitió trabajar el autocontrol, la empatía y la resolución pacífica de conflictos desde experiencias cercanas y significativas.
  • Uno de los momentos más motivadores del proyecto fue la actividad “Programo mis emociones”, en la que unimos educación emocional y robótica educativa. Utilizando la rueda de las emociones, cada alumno seleccionó una emoción, explicó una situación real en la que la había sentido y compartió las razones que provocaron ese sentimiento. Después, mediante el uso de un robot educativo, programaron el recorrido para desplazarlo hasta la emoción elegida. Esta propuesta permitió desarrollar el pensamiento computacional mientras fortalecíamos la expresión oral, la reflexión emocional y el aprendizaje activo.
  • Seguimos avanzando con “Mi lugar seguro”, una actividad basada en la visualización guiada. Cada alumno imaginó un espacio donde sentirse tranquilo, protegido y en calma, representándolo posteriormente mediante un dibujo y explicando por qué ese lugar le generaba bienestar. Esta dinámica ayudó a crear recursos personales que el alumnado puede utilizar cuando necesite recuperar la serenidad.
  • Después realizamos “Espejo amable”, una propuesta centrada en la autoestima y el autoconcepto positivo. Cada alumno reflexionó sobre sus fortalezas, escribió cualidades positivas sobre sí mismo y elaboró mensajes motivadores que ayudaron a reforzar una imagen personal más positiva y respetuosa.
  • Otra de las actividades desarrolladas fue “Bote de lo bueno”, una dinámica cooperativa en la que el alumnado escribió mensajes positivos dirigidos a sus compañeros. Poco a poco fuimos llenando nuestro bote con palabras de reconocimiento, agradecimiento y valoración positiva, generando un ambiente de aula más cercano, respetuoso y emocionalmente seguro.
  • Como cierre de esta situación de aprendizaje realizamos “Mi caja emocional”, una actividad final en la que cada alumno recopiló todas las herramientas aprendidas durante el proyecto para construir su propia caja personal de recursos emocionales. En ella recogieron aquellas estrategias que más les ayudan a gestionar sus emociones y que podrán seguir utilizando dentro y fuera del aula.

Esta experiencia nos ha permitido comprobar que educar en emociones es también enseñar a convivir, a escuchar, a respetar y a crecer juntos. Porque aprender a reconocer cómo nos sentimos es el primer paso para construir una escuela más humana, inclusiva y feliz.

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